Cabrera de Mar es un municipio de la comarca del Maresme, en la provincia de Barcelona, Cataluña (España). Se sitúa en un pequeño valle abierto al litoral, entre los montes Burriac y Montcabrer, lo que le confiere una combinación singular de montaña, mar y paisaje mediterráneo. Su territorio abarca desde la línea costera, con playas y acantilados, hasta las primeras elevaciones de la Cordillera Litoral, incluyendo colinas, bosques y zonas rurales. Esta ubicación estratégica ha favorecido históricamente la ocupación humana y el desarrollo agrícola, así como la expansión residencial y turística. Cabrera de Mar destaca por su entorno natural y su rico patrimonio histórico y cultural, que incluye vestigios íberos, romanos y construcciones medievales y modernas, aportando valor patrimonial y turístico.
Geografía
El núcleo urbano principal se encuentra a unos 104 metros de altitud, aproximadamente 2,5 km tierra adentro respecto al mar, en una pequeña depresión vallada entre Burriac y Montcabrer.
El municipio se extiende desde la zona costera —con playa y litoral mediterráneo— hasta las primeras elevaciones de la Cordillera Litoral, presentando un relieve muy variado que incluye tanto terrenos llanos como montañosos.
Además, como en muchos municipios del Maresme, existen rieras que atraviesan el término —aunque suelen estar secas gran parte del año—, que pueden dar lugar a crecidas en caso de lluvias intensas.
Demografía
Según los datos más recientes, en 2024 la población empadronada de Cabrera de Mar alcanza los 5.018 habitantes. La población se reparte entre el núcleo urbano tradicional y diversos núcleos diseminados (urbanizaciones, zonas residenciales, viviendas de campo), lo que refleja un patrón de población dispersa típico de municipios que combinan costa, montaña y residencias de segunda residencia. Esta distribución también evidencia la coexistencia de habitantes permanentes con residentes temporales vinculados a segundas viviendas y actividades estacionales.
Historia y orígenes
El valle de Cabrera de Mar alberga un rico patrimonio arqueológico. Antes de la romanización, fue ocupado por pueblos íberos —probablemente pertenecientes a los layetanos—, como atestiguan restos del poblado íbero del Burriac.
Durante la época romana y en la Edad Media, la zona continuó habitada: sobre antiguos asentamientos se construyó en el siglo XI un castillo conocido como castillo de San Vicente, que más tarde sería llamado Castillo de Burriac. Este castillo fue ampliado en los siglos XII–XIII.
A lo largo de los siglos, Cabrera fue fundamentalmente un municipio rural con agricultura de huerta y viñedos, hasta que en el siglo XX comenzó a transformarse con la implantación de actividad industrial y residencial.
Economía y vida local
La economía local combina tradición y modernidad. Históricamente basada en la agricultura de huerta, viñedos y pequeños cultivos mediterráneos, hoy convive con la industria ligera, el comercio local y los servicios. El polígono industrial del “Camí del Mig” concentra buena parte de la actividad manufacturera y genera empleo para la población del municipio y alrededores.
Además, Cabrera de Mar se ha consolidado como un destino residencial atractivo para quienes buscan calidad de vida cerca del litoral y con buena conexión a Barcelona, lo que ha impulsado la construcción de urbanizaciones y viviendas de segunda residencia. El turismo, centrado en la playa, el patrimonio histórico y las rutas naturales de los montes Burriac y Montcabrer, contribuye a dinamizar la economía local.
Patrimonio y cultura
El Castillo de Burriac, con restos arqueológicos íberos, romanos y medievales, constituye un símbolo del patrimonio local y un atractivo para visitantes interesados en historia y paisaje.
El municipio ofrece una combinación de litoral y montaña: playa, bosque mediterráneo, colinas, rutas de senderismo —una característica valorada por quienes buscan naturaleza junto al mar.
Su clima típicamente mediterráneo y su proximidad a la costa y a núcleos urbanos mayores convierten a Cabrera en un lugar atractivo tanto para residentes como para visitantes que buscan tranquilidad sin renunciar a servicios.